Las enfermedades que causan el caos se están extendiendo

Ante la actual crisis de coronavirus, publicamos un análisis del líder del pueblo kurdo Öcalan que aborda el tema de la propagación de enfermedades causadas por la modernidad capitalista. El texto está extraido de la defensa de Öcalan titulada «En defensa de un pueblo», que será publicada próximamente por la Iniciativa Internacional «Libertad para Abdullah Öcalan – Paz en Kurdistán».

«En defensa de un pueblo»

El poder y la explotación en manos de la burguesía se han desarrollado como un cáncer que devora la sociedad. Este cáncer social tiene los mismos efectos que el cáncer que impacta en las personas, o los del sida o enfermedades similares. En el origen de la sociedad capitalista, Hobbes definió el poder (el Estado) como una necesidad «para evitar que cada hombre se convierta en un lobo para el otro». Pero la afirmación correcta es la contraria. El capitalismo establece su dominio para hacer que «el hombre se convierta en un lobo para el otro». En tiempos modernos el hombre se ha convertido en un lobo, no sólo para el hombre, sino también para toda la naturaleza. ¿Cómo podría esta clase que quiere maximizar los beneficios y la acumulación no explotar la sociedad y la naturaleza una vez llegada al poder?

Ningún sistema social dominante ha atacado los fundamentos de la sociedad como lo ha hecho el capitalismo
El marxismo analizó escrupulosamente conceptos como valor, beneficio, trabajo, imperialismo y guerra. Para comprender mejor el significado de estos conceptos dentro del marxismo, hay que observarlos en el contexto que presentamos aquí. Las descripciones del «falso mesías» de las Sagradas Escrituras, que llegaría poco antes del apocalipsis, son bastante adecuadas para ello. Ningún sistema social dominante ha atacado y destruido los cimientos de la sociedad y del medio natural como lo ha hecho el capitalismo. La nación se transforma en nacionalismo y en fascismo con connotaciones racistas; la dominación de la naturaleza en una catástrofe ecológica; y los beneficios en un paro masivo. Asimismo, el capitalismo se devora a sí mismo. Va perdiendo poco a poco sus características específicas. Es el propio capitalismo, no el proletariado, quien hace la contrarrevolución contra sí mismo. Sólo superando la sociedad de clases capitalista, se podrá iniciar una nueva era social.
Por primera vez, la sociedad se ha dado cuenta de que está atrapada en el caos
El hecho de que el capitalismo considere a «todo el mundo un lobo para el otro» crea un problema de seguridad general. La protección social no sólo está amenazada por factores externos, como el crimen o los crímenes definidos legalmente, sino que las amenazas básicas son sobre todo el hambre y el desempleo producidos por el propio sistema. Debido al aumento de los costes, por un lado, y del crecimiento de la población, por otro, los problemas de educación y de salud permanecen sin resolver. Se están extendiendo enfermedades que causan caos como el cáncer, el SIDA y el estrés. La sociedad, que se ve sustraída de necesidades vitales básicas, tales como el medio ambiente, la vivienda, la salud, la educación, el trabajo y la seguridad, se da cuenta por primera vez en la historia que no puede encontrar soluciones radicales y que se encuentra atrapada en el caos. La falta de salida provoca una sensación de vértigo.Cuando se rompe la solidaridad comunitaria y se debilitan los mecanismos de defensa tradicionales, el poder individual o de un grupo reducido ocupa su lugar. Se desarrolla la violencia de la tribu y del clan que se opone al terror de los poderosos. En la medida que emerge de forma abierta un sistema de poder político-militar en las estructuras estatales, la autodefensa por parte de la sociedad se convierte en legítima. En la medida en que no se aplican las normas legales generales de igualdad establecidas por el Estado, hay que aplicar los derechos humanos y la libertad de opinión democrática y también deben aparecer necesariamente fuerzas de defensa populares. Esto conduce a una espiral de poder y contrapoder que, en lugar de contribuir a la solución de la crisis, la agrava.
El deporte y el arte se transforman en herramientas anestesiantes
Actividades como el deporte y el arte, que de hecho deberían ayudar a mitigar y eliminar las contradicciones materiales, así como facilitar la comprensión mutua, se transforman en herramientas anestesiantes, que contribuyen a crear falsas ilusiones. Una función similar se atribuye a la religión, las congregaciones y las sectas, que impiden que la sociedad discierna la realidad. Se construyen mundos trascendentales y comunidades conservadoras que actúan como obstáculos en el camino hacia una solución real. La tríada deporte, arte y religión queda sustraída de su verdadera esencia histórica, con el fin de convertir a la sociedad en ciega e insensible, con corazones de piedra. A través de ella se crean paradigmas ilusorios para evitar que la falta de una salida sea aceptada como inevitable. Este tipo de resistencia contra el caos genera el efecto contrario, es decir, lo multiplica aún más.Especialmente en los tiempos actuales, el arte, la ciencia y la tecnología deben actuar como mecanismos de protección y tener un papel iluminador, constructivo y guía en la reorganización. Su monopolio extremo por parte del poder oficial, sin embargo, les impide ejercer esta función y generar soluciones sociales. La ciencia se limita a analizar los aspectos de las partes individuales, sin una visión general, o a «matar moscas a cañonazos». Se gastan recursos enormes en armamento y guerras inútiles, en lugar de resolver problemas urgentes; los hombres se dirigen hacia productos orientados al beneficio, opuestos a las necesidades básicas de la sociedad. Los efectos negativos de todo esto ayudan a reforzar el caos.Podríamos extendernos más allá de la definición de caos, del cual el sistema es el responsable y en el que ha participado toda la sociedad. Pero para nuestra finalidad, esta descripción es suficiente. Si no tomamos conciencia de esta situación de caos, y pensamos y actuamos como si viviéramos una situación normal, no podremos evitar errores básicos, que repetiremos indefinidamente, en lugar de encontrar una solución.
La batalla se debe ganar especialmente en el nivel del intelecto, es decir, de la mentalidad
En momentos como el actual, los esfuerzos intelectuales son mucho más importantes que en otros tiempos. Especialmente, dado que las estructuras científicas tradicionales, como las universidades y la religión, contribuyen más a la incomprensión que la comprensión, cualquier esfuerzo intelectual verdaderamente iluminador es aún más apreciado. La ciencia y la religión, esclavos del poder, son extremadamente eficaces para difundir paradigmas falsos y distorsionados. En momentos como éstos, deberíamos tener mucho cuidado con el papel contrarrevolucionario de la religión, el arte y el deporte. Hay una necesidad cada vez mayor de determinadas ciencias y estructuras científicas que sean capaces de ofrecer a la sociedad proyectos reales y paradigmas adecuados, a las que llamaría «escuelas y academias sociocientíficas». La batalla se debe ganar especialmente en el nivel del intelecto, es decir, de la mentalidad. Vivimos en una época en que la revolución intelectual tiene una importancia decisiva.La revolución mental debe tener lugar unida a los valores morales. Cuando las conquistas intelectuales no van de la mano de las morales y éticas, el resultado sigue siendo incierto y, en todo caso, transitorio. Hay que tener en cuenta la enorme ruina ética que conlleva el sistema y, en consecuencia, hay que poner en práctica la conducta ética y moral, así como las personalidades e instituciones necesarias y valiosas para la sociedad.Una batalla contra el caos, sin ética y moral, puede engullir al individuo y la sociedad. La moral no puede ignorar las tradiciones sociales, pero debe desarrollar una nueva ética social en armonía con ellas. Dado que el sistema dominante en la fase de caos utiliza las instituciones políticas y sus herramientas sólo para la demagogia, hay que tener especial cuidado con la elección de los medios e instrumentos políticos. A fin de que los partidos, las elecciones, los parlamentos y los gobiernos regionales puedan tener su papel en la realización de la sociedad ecológica-democrática, deben ser capaces de desarrollar las herramientas para resolver los problemas.Tiene que haber una estrecha relación entre la organización política, con su práctica, y la sociedad construida en un sentido democrático, municipal y ecológico. En la fase de caos, se deben implementar los procedimientos formulados aquí de forma general.