Confrontar al liberalismo: ¿Cómo vivir, qué hacer y dónde empezar?

El liberalismo, como monopolio ideológico de la modernidad, intenta crear un estado de caos en la conciencia de la gente a través de un bombardeo mediático. Sus principales armas son el fundamentalismo, el nacionalismo, el sexismo y la ciencia moderna entendida como la “nueva religión positivista”. El liberalismo controla las conciencias de la sociedad pre-capitalista (gracias al fundamentalismo) y al mismo tiempo a los ciudadanos del estado-nación, a quienes distrae de las contradicciones de clase mediante el nacionalismo. El sexismo es su método más efectivo, por un lado para mantener a los hombres bajo un control permanente y por otro para someter a las mujeres a la violación constante. La ciencia positivista controla el mundo académico y a través de éste controla a la juventud. De esta manera, no hay forma de evitar los contratos inherentes al sistema.

Contra los ataques ideológicos del liberalismo, es crucial encontrar las respuestas adecuadas a las siguientes preguntas: cómo vivir, qué hacer y dónde empezar. Hasta hoy, las respuestas de los opositores al sistema han sido insuficientes. Las respuestas que da la modernidad a estas tres preguntas han salido claramente aventajadas. La cuestión de “¿Cómo vivir?” ha sido influenciada por el desarrollo del estilo de vida moderno en los últimos cinco siglos. En la era del capitalismo moderno se ha impuesto un estilo de vida homogéneo que ha sido interiorizado por la población como nunca antes.

Todos los estilos de vida fueron homogeneizados en uno sólo a través de normas universales y, a día de hoy, tan sólo las diferencias más perspicaces han resistido. De esta manera, el rechazo al estilo de vida moderno fue etiquetado como algo extraño o incluso demente y aquellas personas “raras y dementes” eran, consecuentemente, expulsadas del sistema. Pocos tenían el coraje de mantener su resistencia, enfrentarse a estas imposiciones y a los riesgos que conllevan.

Durante cinco siglos, la cuestión de “¿Qué hacer?” ha sido planeada al detalle y respondida con: “vive una vida individualista”, “piensa siempre en ti mismo”, di “el único camino es el de la era moderna”, en resumen, haz aquello que “debes” hacer. No hay discusión sobre el camino y el método a seguir: debes hacer lo que hace todo el mundo. Si eres jefe deberás sacar buen provecho. Si eres trabajador, deberás trabajar por tu salario. Buscar otra manera de hacer no tiene sentido. Si alguien insiste en ello es inmediatamente expulsado del sistema. ¿Cuáles son las consecuencias? desempleo, desamparo y corrupción. La vida se vuelve tan cruel como una carrera de caballos. Para la modernidad capitalista, la respuesta a la pregunta de “¿Dónde empezar?” es el sistema educativo. Las escuelas y las universidades son indispensables para lograr triunfar en el sistema.

En cambio, la modernidad democrática propone una alternativa enfocada en la búsqueda de la verdad y la actitud ideológica que además responde a las tres cuestiones básicas expuestas. Esta búsqueda de la verdad parte del análisis de la identidad social de cada territorio para proponer soluciones. Cuando hablo de tener una actitud ideológica me refiero a superar la hegemonía ideológica de la modernidad dominante mediante una crítica fuerte. La modernidad capitalista, que ataca las identidades sociales y antepone el individualismo a la comunidad, está bien lejos de la verdad. Para poder reconocer esto, es necesario pasar por una sociedad económica, ecológica y democrática.

Para comenzar a responder a las preguntas “¿Cómo vivir?”, “¿qué hacer?” y “¿Dónde empezar?” es necesario rebelarse contra el sistema, desde el sistema. Pero para combatir desde dentro del sistema hay que luchar por la verdad en cada momento, incluso si implica la muerte, tal y cómo hacían los hombres sabios de los tiempos antiguos. La respuesta a las cuestiones “¿Cómo vivir?” y “¿dónde empezar?” es escapar de la locura y el odio de esta vida. Debes vomitar el sistema, sacarlo de tu estómago, de tu cerebro y purificar tu cuerpo de esta vida. Incluso aquello que parece bello, debes sacarlo todo de ti. La pregunta de “¿Qué hacer?” solo puede responderse desde una práctica organizada y consciente.

Respecto a la modernidad democrática, la respuesta a estas tres preguntas es ideológica, práctica y está combinada con elementos propios de un sistema alternativo. El partido vanguardista de los tiempos pasados, debe jugar un papel institucional pionero y centrado en la acción en la modernidad democrática. La tarea del nuevo liderazgo es construir los tres pilares principales del sistema (la sociedad democrática económico-ecológica). Para todo esto es necesario crear nuevas academias en cantidad y calidad, que aborden las diferentes áreas de conocimiento (ingeniería económica, agro-ecología, políticas democráticas, seguridad y defensa, liberación de las mujeres, identidad cultural, historia de la lengua, ciencia de la filosofía, arte religioso, etc.) que sean críticos con el mundo académico de la modernidad, pero al mismo tiempo construyan una alternativa.

Sin círculos académicos fuertes, los pilares de la modernidad democrática no pueden construirse y de la misma manera, estos círculos no pueden desarrollarse sin el resto de pilares de la modernidad democrática, Es fundamental conseguir un enfoque holístico para conseguir nuestros objetivos.

Hay que evitar la fragmentación de las ideas, el lenguaje y la acción. La unión entre las ideas, el lenguaje y la acción no puede romperse nunca. Aquel que intenta responder a las preguntas “¿Cómo vivir?”, “¿qué hacer?” y “¿Dónde empezar?” sin unificar las ideas, la lengua y la acción, no debería comenzar esta lucha. La lucha por la verdad no puede ser guiada según las manipulaciones de la modernidad capitalista. Los círculos o grupos de trabajo son el cerebro y la organización. Se expanden por la sociedad como venas por el cuerpo. La realidad es holística, y la verdad es una expresión de esta realidad global. Los grupos de trabajo son su forma de acción, la manera en la que la verdad se materializa.

Si Oriente Medio busca renovarse debe llevar a cabo también una “revolución de la verdad”. Para conseguir esto, es necesaria una revolución en las conciencias y en el estilo de vida de la gente. Se trata de una revolución por la liberación de la hegemonía ideológica y del estilo de vida de la modernidad capitalista. Llegados a este punto, es de vital importancia no dejarse influenciar por los fundamentalistas atados a la religión ni descarriar a causa el chovinismo racial. Estas ideologías no luchan contra la modernidad capitalista, tan solo pelean por la parte que les toca. Son al mismo tiempo víctimas y secuaces de la modernidad capitalista. Los movimientos de izquierda, feministas, ecologistas y culturales, si son honestos cuando se oponen a la modernidad capitalista, deben llevar la lucha por la verdad a una dimensión global.

La lucha por la verdad solo puede triunfar si se lleva a cabo en todas las áreas de la vida, en las comunidades municipales, medioambientales y económicas, en ciudades democráticas, y desde niveles locales, regionales, nacionales y transnacionales. Sin conocer cómo vivieron y lucharon en sus orígenes los discípulos y creyentes de las religiones ninguna búsqueda de la verdad será fructífera. Oriente Medio necesita revivir la sabiduría de sus diosas antiguas. La manera de vivir de Moisés, de Jesús, Mohammed, Paul, Mani, Veysel Karani, Hallac-I_Mansur, Sehabeddimn SÜhreverdi, Yunus Emre y Bruno Giordano… La “revolución de la verdad” solo puede implementarse a partir de esta herencia. Las revoluciones y las revolucionarias nunca mueren; siempre que su herencia se defienda, ellos vivirán. La cultura de Oriente Medio es una cultura de la unidad entre las ideas, la lengua y la acción. La critica a la modernidad capitalista del modernismo democrático enriquecerá esta cultura y de esta manera interpretará su papel histórico.

El individuo de la modernidad democrática no puede auto-realizarse sin estar en contra de “los tres jinetes de la muerte de la modernidad capitalista”; el capitalismo, el industrialismo y el estado-nación. No puede auto-realizarse sin vivir en una resistencia constante, con ideas, posicionamientos y acciones consistentes gracias a los tres “ángeles de la liberación” de la modernidad democrática (la sociedad democrática, económica y ecológica) liderando la lucha permanente por la libertad. Sin las instituciones académicas y las comunidades sociales, el mundo democrático puro y libre no llegará. El criticismo hacia las escrituras sagradas, y la sabiduría de las diosas es significante en el contexto de su instrumentalización por parte de las civilizaciones gobernantes y la modernidad. Lo que permanece, más allá del criticismo es nuestro legado de vida eterna y nuestra identidad como sociedad. El “militante de la verdad” en la era de la modernidad democrática debe tener interiorizada en su personalidad esta identidad, viviendo está vida y dejándola existir por si misma.