La solución de la autonomía democrática y su aplicación

El texto es un extracto de “Nación Democrática” de Abdullah Öcalan.

La lucha del PKK hasta ahora se había centrado principalmente en visibilizar la cuestión kurda. La negación de la realidad kurda que se vivía en el momento de su formación en la década de 1970 puso, naturalmente, la cuestión de su reconocimiento como prioridad. Por ello, en un principio, el PKK trató de demostrar la existencia de la identidad kurda mediante argumentos ideológicos, pero tras constatar que la izquierda continuaba negándola a través de métodos cada vez más refinados, procedimos a organizarnos en base a diversas identidades y acciones.

El estado-nación turco -que insistía en su tradicional negación y en las políticas de aniquilación- se negó a considerar la posibilidad de una solución política durante este período. Al contrario, para contrarrestar las iniciativas del PKK, llevó a cabo una campaña de terror fascista que desencadenó el golpe militar del 12 de septiembre de 1980. La declaración del PKK de una guerra popular revolucionaria surgió como la única opción viable. En esas condiciones, el PKK sólo podía desaparecer, al igual que otros grupos de izquierda democrática en Turquía, u optar por la resistencia. El factor decisivo en la transformación de la cuestión kurda, de ser una identidad ideológica a una cuestión de guerra, es la insistencia del Estado en el mantenimiento de unas políticas, previamente encubiertas, de negación y aniquilación a través del terror desatado el 12 de septiembre. Sería más razonable analizar la ofensiva kurda del 15 de agosto de 1984 dentro de este marco. Tal movimiento está más cercano al objetivo de probar la existencia del pueblo kurdo y la protección de tal existencia que ser un movimiento de liberación. En este sentido hay que señalar que se ha alcanzado un éxito significativo.

El PKK, mientras demostraba que la existencia kurda quedaba fuera de toda duda, seguía anclado en la ideología de la construcción de un estado-nación. El posterior período de autocrítica reveló la esencia antisocialista y antidemocrática de esta ideología. La rápida disolución del socialismo real en la década de 1990 facilitó una comprensión más profunda de los factores que propiciaron esta crisis sistémica. La disolución del socialismo real fue causada por el poder y la problemática del estado-nación. Para ser más precisos, la crisis del socialismo fue el resultado de una inadecuada comprensión sobre la cuestión del poder y el Estado. Cuando las contradicciones del Estado y del poder, evidenciadas claramente en la cuestión kurda, se unieron con la crisis global más amplia del socialismo real, un análisis exhaustivo de la cuestión del Estado y el poder se hizo inevitable.

Con este fin, en una parte importante de mi defensa, he tratado de analizar Estado y poder en toda la historia de la civilización. Me he centrado en presentar la transformación de los fenómenos de Estado y poder dentro del contexto de la modernidad capitalista, la civilización hegemónica hoy en día. He argumentado que la transformación del poder en estado- nación es la base del capitalismo. Ésta fue una tesis importante. He intentado demostrar que, sin un poder organizado a través del modelo de estado-nación, el capitalismo no se habría convertido en el nuevo sistema hegemónico. El estado-nación fue la herramienta fundamental que hizo posible la hegemonía capitalista. Por lo tanto, he intentado demostrar que el socialismo -entendido como anticapitalismo, presentándolo como lo que llamo “sociedad histórica” o “sociedad natural” – nunca pudo establecerse basado en el mismo modelo de Estado, es decir, como un estado-nación socialista real. He intentado mostrar que la idea propuesta por Marx y Engels de que el socialismo sólo podía ser construido a través de los estados-nación centrales era, de hecho, un defecto fundamental del socialismo científico. Decidí presentar la tesis de que el socialismo no podría construirse a través del Estado, especialmente el estado-nación, y que la insistencia en esto solo podría dar lugar a las versiones más degeneradas del capitalismo, como hemos visto en muchos casos, pero sobre todo en la existencia del moderno “socialismo” de Rusia y China. Como precursor necesario para esta tesis, he analizado el sistema de la civilización central a lo largo de la historia, el concepto de poder y la estructura del Estado y del poder en la modernidad capitalista, que es la estructura prevaleciente y específica de nuestra era. Mi conclusión principal fue que las ideas socialistas no deberían tener como principio el estado-nación. Por el contrario, la solución a la cuestión nacional debe basarse en el principio de la nación democrática. Una expresión práctica de ésta, como trataré de mostrar, es la experiencia de la KCK (Koma Civakên Kurdistan – Unión de Comunidades Democráticas de Kurdistán).

Kurdistán, en cierto modo, ya se ha convertido en el foco de la revolución y contrarrevolución en el siglo XXI. Es el eslabón más débil de la modernidad capitalista. Los problemas nacionales y sociales del pueblo del Kurdistán se han vuelto tan graves que no se pueden ocultar por medio de las recetas liberales o de la demagogia de los derechos individuales o culturales. Cuando se trata de la cuestión kurda, el nacional-estatismo -paradigma que da lugar a diferentes prácticas, incluyendo el genocidio cultural- no puede ser una solución al problema; al contrario, ha sido durante mucho tiempo la fuente del problema, tanto para el opresor como para el oprimido. El nacional-estatismo está en disolución, e incluso se ha convertido en un problema para la modernidad capitalista. Los desarrollos democráticos nacionales más flexibles serán la punta de lanza de los avances de nuestra era. La modernidad democrática es la expresión teórica y las medidas prácticas para estos avances. La KCK, como expresión concreta de las transformaciones democráticas nacionales en el Kurdistán, arroja luz sobre el camino resolutivo de la modernidad democrática en Oriente Medio.