El nacimiento de las películas guerrillera I

Confío en las montañas…”

Nací en Alemania en 1973, siendo el primogénito de un padre de Izmir y una madre de Ağrı. Durante la escuela primaria, estuve yendo y viniendo entre Izmir y Alemania. Completé la secundaria en el Colegio Privado Turco de Izmir. Después volví a Europa, donde trabajaba de día y seguía cursos de fotografía en clases nocturnas. Durante los tres años que pasé en Europa conocí el movimiento de liberación. En 1994, colaboré en el establecimiento de la primera cadena de televisión kurda en Europa, MED TV. El 1 de abril de 1995 viajé a Oriente Medio como asistente de un camarógrafo alemán para realizar una entrevista a Abdullah Öcalan. Mientras la realizábamos, estreché el contacto con los guerrilleros de la academia central del PKK. Después de esta entrevista con Abdullah Öcalan, que también representó mi primer trabajo significativo, decidí no regresar, sino continuar aquí mi viaje vital. Desde entonces, mi vida se desarrolla en las montañas del Kurdistán, junto con los combatientes por la libertad de los kurdos.

Mi camino hacia la película

Nunca pensé que haría una película. Ni siquiera en sueños… Si no hubiera ido a las montañas y me hubiera convertido en un guerrillero, si no hubiera conocido a los hijos del pueblo kurdo y no hubiera sido testigo de sus experiencias, no habría podido hacer esta película. Para mí, la película representa mi viaje por las montañas. Este viaje comenzó con la fotografía.

Ni nací y ni crecí en este país. Aparte de sus montañas, nunca he viajado por este país que llamamos Kurdistán. Sólo desde lejos he podido ver las luces de sus ciudades. Pero he nadado en sus ríos, tocado sus rocas, mi sudor se ha mezclado con su verde calor en verano. Aquí hice nuevos amigos, algunos han caído. Lo he llorado. He vivido con la gente de estas montañas, a la que sólo vine a tomar fotos. He compartido con ella la comida, las mantas, el frío. He sido testigo de su muerte.

Al principio me sentía como un extraño. Para mí no existía un oriente más allá de Izmir. Sólo sabía que mi madre procedía de Ağrı. Eso era todo. Nunca me importó saber más. Llegué a conocer al pueblo kurdo en la guerrilla. Antes de eso, había vivido con ellos en diferentes lugares y en diferentes momentos. Pero las primeras personas que percibí conscientemente como kurdas eran guerrilleros. Junto a esta gente, conocí a sus héroes. De repente, me convertí en amigo de unas personas elegidas, las más dinámicas y bellas de un pueblo. Tal vez ésta haya sido mi mayor felicidad.

La primavera de 1995, cuando aterricé en Damascoi, la ciudad santa de Oriente Medio, con mi muy limitada formación en fotografía y cámara, marcó el comienzo de mi lucha y mi vocación. En ese momento yo tenía sólo 22 años. En Izmir había ido a una escuela privada. En Europa había mostrado interés en diferentes profesiones, pero de alguna manera nunca encontré la respuesta a mis preguntas. Era un fotógrafo sin formación que se había dirigido a Oriente Medio. En esos días, dejando todo atrás, decidí hacer un viaje al centro de Oriente Medio para no volver. Lleno de entusiasmo, pude sentir que allí encontraría todo lo que buscaba en mi vida y en mi profesión. Caminé hacia esta parte desconocida de la Tierra, con su gente extraña para mí, de cuyo idioma no entendía una palabra. Mis cámaras de fotografía y video estaban listas para grabar esta nueva existencia. Mi alma estaba preparada para vivirla sin límites. Mi viaje a la vida de los combatientes por la libertad comenzó junto con mi viaje al mundo de la fotografía. El entusiasmo por cada uno de estos viajes paralelos se nutrió mutuamente durante años. Pero en ese momento no podía saber que mis experiencias en las montañas del Kurdistán me llevarían un día a la orilla del cine.

Utilicé mi cámara y mi videocámara en las montañas durante años. Me di cuenta de cómo las fotos que tomé al principio, con la emoción de un recién llegado, se convertían en una mercancía valiosa con el tiempo. Cuanto más vivía con los guerrilleros, los conocía, los veía, los amaba, me hacía amigo de ellos y, así, me convertía en uno de ellos, más intentaba captar sus rostros y sus palabras. Y de esta manera fue como llegué al verdadero principio de mi vida y mi profesión: no cambiaría un solo rostro capturado en las montañas, ni una sola palabra, por otra cosa. No debía saltarme nada y jamás quedarme sólo en lo superficial.

Palabras y rostros de las montañas

Para mí, las palabras y los rostros de las montañas son la expresión más potente de los días de creación de un pueblo. Son la única razón por la que he vagado por esta parte del mundo durante años. Mis amigos de las montañas se han convertido en el objeto de mi campo de visión y el sujeto de mi corazón. A veces los observaba a través de mi lente, pero mayormente estábamos juntos. A veces era un extraño, a veces uno de ellos. Caminaba detrás de ellos de montaña en montaña. Para alcanzar cada cima que ascendían, cada cordillera que hollaban, lo lograba con sudor. Hice todo lo que estaba a mi alcance para registrar cada palabra, cada rostro. Pero en el fondo, siempre sentía el dolor de no ser capaz de comprenderlos. Siempre faltaba algo. Junto a las montañas que grababa siempre había innumerables palabras y rostros esperando a ser capturados. Las palabras y rostros que no pude grabar, los he pintado en mi corazón. Las llamo imágenes de mi corazón. Las noches oscuras, las canciones dolorosas, la risa silenciosa, las bromas de inocencia infantil, los amores secretos que no pueden ser capturados por ninguna lente del mundo, los he colocado en el marco de mi corazón.

Fue en este punto en el que la filmación entró en mi vida. Se habían apilado en mi corazón tantas imágenes que tuve que encontrar una manera de expresarlas. Encontré la posibilidad de esto en el cine. Ahora había llegado el momento de capturar las experiencias de este país, que ahora puedo llamar hogar más que nunca, y hacerlas eternas. Quiero que la gente recuerde lo que pasó aquí. Recordar significa liberación. Pero olvidar significa desaparecer. Por eso no puedo olvidar nada y necesito llevar todo lo que he experimentado dentro de mí, como la gente de estas montañas. Lo añado todo a las imágenes que mi corazón ha disparado. Pero nuestra memoria no es capaz de arrastrar al futuro todo lo que hemos experimentado. No podemos enfrentar el desgaste del tiempo. Es esencial que compartamos las imágenes, pensamientos y sentimientos almacenados en nuestros recuerdos y hacerlos accesibles a todos.

Nunca he experimentado esta guerra como los otros combatientes. No he llevado esta guerra sobre mis hombros con la responsabilidad de un guerrillero. No he luchado cara a cara, sin aliento, en el frente. Siempre me he sentido triste al encontrarme un paso por detrás en estos caminos. Si hubiera sido un guerrillero común, probablemente tendría la conciencia más tranquila.

Ésa es la razón de mi trabajo en el cine

Si no comparto lo que he experimentado en las montañas y no hago un esfuerzo para comunicarlo a la humanidad, me sentiré culpable. Ésa será entonces mi mayor culpa. Por ello, no dejo de lado mis proyectos sino que persisto en perseguirlos. El deseo de guardar mis amistades, mis testimonios, mis experiencias y a mí mismo me mantiene ocupado. Así que insisto en filmar. Creo que el cine puede expresar lo que hemos vivido en estas montañas, la vida que llamamos guerrilla. Quizás la película parezca muy pequeña entre todo lo demás, pero su lenguaje expresará las montañas, los niños de las montañas, el pueblo kurdo. Si hay algo que falta en medio de esta guerra, podría ser el cine. Me encantaría dar una respuesta como guerrillero a esta época en la que la traición, el engaño, la venta de uno mismo y del pueblo han alcanzado su punto máximo y se está intentando distorsionar la memoria kurda. Me gustaría tanto marchar hacia adelante, con la rabia de un guerrillero, para romper la oscura historia de la malicia… Puesto que no podría ser como los otros guerrilleros, ahora hago películas.

La guerrilla lo es todo. Soy muy consciente de ello. Si un día la guerrilla es derrotada, todo será derrotado. No quedarán fotos, escritos o películas. Por eso estoy aquí, por eso estoy en las montañas, por eso estoy con la guerrilla. Y el único lugar donde puedo hacer películas es aquí, entre las guerrillas. Si quiero algo, será de la guerrilla. Si abro mi mano, será sólo de la guerrilla. Si tengo que servir a alguien, será sólo a la guerrilla. Tal vez digan que las montañas no son el lugar adecuado para hacer películas. Pero no puedo hacer películas en ningún otro lugar. Porque creo en estas montañas y en los niños de las montañas. Sé que teóricamente se pueden hacer estas películas en otro lugar. Muchos de nuestros amigos también las hacen. Pero yo existo para el cine de guerrilla. Mi viaje a la vida y a las imágenes me ha traído aquí.

Un impulso

Siento un impulso. Mi sentimiento más fuerte al principio de la realización de la película fue un impulso. Sentí el impulso de llenar de vida todo lo que había enriquecido mi alma durante los años en la guerrilla. No tenía ninguna experiencia ni conocimiento de cine. Pero confiaba en el mundo de las ideas en el que vivía. Confiaba en la forma de ver y pensar en las montañas.

Al principio, esperé un tiempo. Contaba con que los cineastas kurdos no cerraran los ojos ante la guerrilla y la realidad que daba vida a este pueblo de nuevo. Si el cine kurdo entrara en una nueva fase, tendría que hacerse fuera del sistema existente. Porque el contenido y la forma del cine kurdo no puede formarse en Teherán, Bagdad o Estambul. Lo mismo se aplica a las ciudades de Europa. Pero las primeras películas de y sobre los kurdos que me llegaron en aquel entonces me decepcionaron. Las películas eran sobre kurdos pobres. De manera inevitable, el kurdo era narrado en base a su pobreza e indefensión. Pero yo había conocido al heroico pueblo kurdo en las montañas del Kurdistán y había vivido con ellos durante años. Hasta cierto punto, es posible entender por qué la representación de los pobres kurdos. Pero sentí entonces, por primera vez, que la insistencia en estos personajes es un error de los directores kurdos. Por supuesto que no podría negar la existencia de kurdos pobres, pero esto podría reconocerse sólo como un punto de partida para la fase revolucionaria. Pero si este enfoque se mantiene, es nada más que un error.

Creí que había llegado el momento de la película del kurdo heroico. Los directores y cineastas kurdos ya no podían escapar a esta realidad. Estábamos en la época del heroísmo, que había determinado decisivamente los últimos treinta años de los kurdos. Estos héroes ya no podían ser ignorados. En los últimos treinta años, las madres kurdas habían dado a luz a los héroes más nobles de la historia de la humanidad. No sólo han parido a gente pobre. Los niños kurdos han escrito épicas en las montañas. He conocido a esta gente, me he hecho su amigo, he vivido con ellos. Los que actúan en nombre del cine kurdo no pueden fingir que todo esto no ha pasado.

Dependía de mí hacer la película de los kurdos heroicos. Si todos los demás hablaban de la miseria, yo hablaría de heroísmo. El pueblo kurdo se lo merecía después de treinta años de resistencia armada. Cuando un pueblo con miles de muertos se levanta; cuando rinde homenaje a sus hijos en las montañas con dignidad; cuando grita su existencia con toda su fuerza, pero los artistas kurdos no lo ven, no hay excusa.

Comencé el trabajo sin ningún conocimiento o experiencia. Sabía que los cineastas kurdos ni siquiera se fijaban en Tîrêjii. Pero quería demostrar que es posible tener una visión diferente de los kurdos. Quería insistir en ello. Sabía que estaba lejos de una estética cinematográfica, pero confiaba en la visión de las montañas. Estaba decidido a mostrar, no sólo con palabras sino también con hechos, que era necesario mirar a los kurdos con los ojos de un kurdo y no de un extranjero o un occidental. Sabía que el mayor error estaba ahí.

El artista kurdo, el cineasta kurdo, miraba a su propia sociedad desde occidente, desde Teherán, desde Estambul. Ésta era mi principal crítica. Era necesario mirar al pueblo kurdo desde las montañas. No con el ojo de otro, sino con el propio. La perspectiva del director kurdo no era la del pueblo kurdo. Tal vez sea éste el mayor error de los intelectuales kurdos. Es imposible no notar esta alienación. Los directores kurdos miran al pueblo kurdo como a extraños. Miran a esta sociedad como otros quieren que lo hagan.

El cine kurdo comenzará en las montañas. Sólo cuando los artistas kurdos logren ver las montañas podrán crear su propio cine. Las montañas son el mayor activo creado por el pueblo kurdo. Las montañas representan la mayor riqueza y la máxima memoria del pueblo kurdo. Este tesoro ha sido creado a partir de los cuerpos jóvenes de los niños kurdos. A lo largo de la historia de la humanidad, las montañas han sido el único soporte del pueblo kurdo. El pueblo kurdo creó las montañas. Pensar y ver en las montañas es una característica de los kurdos. Por esta razón, tanto el arte como el cine kurdo se crearán aquí.

Los cineastas kurdos no deben buscar su mundo de ideas en la distancia, no en las ciudades donde están alienados, sino en las montañas. Ésta es una de mis obligaciones. Uno de mis objetivos es hacer comprender esto. Siempre he intentado expresarlo. Quería mostrar a los cineastas kurdos que deberían estar orgullosos de su gente. En lugar de compadecerse de ellos como extraños, deberían ver de qué grandeza es capaz este pueblo. Si un pueblo ha enviado a miles de sus hijos a las montañas, entonces los artistas de este pueblo deben ser capaces de tocar el corazón del pueblo. De lo contrario, no podrán hacer películas para este pueblo.

i Damasco: La academia central del PKK estuvo en Damasco entre 1992 y 1998.

ii Tîrêj: Título de la primera película de Halil Dağ en las montañas (2002).